
Manolo y Benito son dos chapuceros albañiles que destrozan la reforma para los que han sido contratados allí donde se les envíe a trabajar. Ambos son socios de la empresa de reformas Manolo y Compañía (o según Benito: Benito y Compañía), han pasado el ecuador de la treintena y viven en un tradicional barrio en Madrid.
Manolo está muy contento porque les han ofrecido varios trabajos simultáneamente; sin embargo todo se tuerce cuando se inicia una huelga del sector de la construcción, lo que obliga a Manolo y Compañía a parar su actividad. En estas circunstancias, Benito acepta un trabajo como encargado de una obra de un gran bloque de viviendas en construcción, por el que percibirá una buena suma de dinero. Por todos sus compañeros será tachado de esquirol y tendrá que enfrentarse al enfado del gremio, incluido su amigo y socio Manolo. Sin embargo, Benito deberá intervenir para salvar la vida a uno de los operarios de la obra, de origen extranjero.






Manolo y Benito son los dos socios que forman la pequeña empresa de reformas Manolo y Compañía, en la cual tratan de dar el mejor servicio. Nada más lejos de la realidad: mientras que Manolo, jefe de la misma, trata de hacer los trabajos con profesionalidad, su socio Benito sólo sabe quejarse, no colabora y trata siempre de escaquearse del trabajo. Su persona de confianza y relaciones públicas «destrangis», Tino, les ofrece realizar una hornacina en el hogar de un magnate.

Manolo y Benito son requeridos para instalar una chimenea en casa de una familia adinerada que celebra la petición de mano de su hija. Mientras, la inesperada llegada de Tania, una fontanera polaca, desatará los celos de Adela. Al mismo tiempo, Benito verá como su adorada Noelia sucumbe ante Tony, su marido, que ha reaparecido en el barrio. En cuanto a la obra, parece ser que Manolo y Benito logran hacer un buen trabajo, hasta que a Benito se le ocurre poner el broche final...

Manolo y Compañía es contratada de urgencia y en domingo por una pudiente tonadillera para reparar el cuarto de baño de su mansión, justo en el día en que se celebra el funeral de un conocido de la familia. Los albañiles no dejarán pasar la oportunidad de repartir tarjetas del negocio entre los asistentes y periodistas que abarrotan la casa, envueltos a su vez en un tumulto de grandes proporciones durante la desastrosa y accidentada reparación, tratando de finalizar (y contener) la obra, a la vez que Benito se escaquea y empieza a husmear por toda la mansión, dejando solo a su compañero. Mientras tanto, Tino deberá lidiar entre los operarios y sus indignados clientes de la jet set.

Manolo y Benito son contratados por un extraño personaje que les pide que hagan un agujero en una pared de su casa. Los albañiles, en su afán de hacer las cosas bien, hacen el agujero e incluso colocan una puerta. Al ver las noticias se enteran de que han hecho un butrón para el atracador de una joyería, y la policía los detiene como sospechosos. Mientras, Noelia celebra su cumpleaños e invita a Benito, que se verá las caras con Tony.

Un grupo de gitanos llegan al taller de Manolo y Compañía y les encargan la construcción de cuatro chabolas adosadas en mitad del campo. Benito ve la oportunidad de un gran negocio inmobiliario y comienza los preparativos, pero Manolo no quiere saber nada del tema porque no confía demasiado en los clientes. Mientras tanto, Tato, el sobrino de Manolo, ha venido desde su pueblo, Cachorrilla, a Madrid para conocerle.

Tania se instala a vivir con Tino, con el que se entiende rápidamente. Por su parte, Manolo y Benito tienen que arreglar una gotera en la sauna de una lujosa «casa de masajes». Cuando se presentan allí, les toman a ambos por clientes y ellos no aclaran el malentendido, dejándose llevar. Adela, que sospecha del encargo de su marido, descubre la dirección de la casa de masajes en la ropa de Manolo, por lo que decide presentarse en el lugar a llevarles el bocadillo, sorprendiéndoles en una embarazosa situación.

Adela sorprende a Tania arreglándole la tortícolis a Manolo mientras colocan unas cortinas en casa de Tino. A su vez, doña Felisa requiere los servicios de Manolo y Benito para colocar un calentador nuevo en su casa. Después de que Benito meta la pata una vez más, Tania acaba encargándose del trabajo. Sin embargo, a doña Felisa le desaparecen 50.000 pesetas de su casa y la única que ha estado allí es Tania...

Tino les da un nuevo trabajo a Manolo y Benito: colocar una ventana a ras de calle en la consulta de un médium, situada en un piso bajo. El vidente se encuentra en apuros, pues una clienta está a punto de llegar y le falta un colaborador para su sesión. Entonces se le ocurre pedir a Benito que le ayude, haciéndose pasar por el difunto marido de la señora para que se manifieste en la sesión. Además, Benito y Tato van al gimnasio de Noelia para arreglar una ducha, pero lo único que consiguen es romperla.

Una viuda ex-clienta de Manolo se le insinúa en su taller y requiere «sus servicios». Mientras, Tania decide tomar el sol en la corrala, provocando los celos e indignación de Adela y la admiración unánime de todos los hombres del edificio. Por su parte, Tony continúa acosando a Noelia que, inflexible, no cede a sus deseos, ocasión que aprovecha Rosita para insinuarse al mismo.

Manolo y Adela tienen otra pelea de las suyas a causa de los coqueteos de ésta con Gary, el detective. En pleno ataque de ira, Adela amenaza a su marido con abandonar el hogar conyugal para siempre. Por otra parte, Manolo y Benito son requeridos en casa de una extraña señora para construir un tabique en mitad del salón. Cuando los albañiles están a punto de terminar, aparecen tres loqueros buscando a la señora, que se ha escapado de un manicomio.

Manolo y Benito se desplazan al local de Teófilo, ya que lo quiere vender y antes hay que hacer unas chapuzas para adecentarlo un poco. Pero cuando llegan al lugar se encuentran con que está habitado por una pareja de jóvenes. La chica está embarazada y a punto de dar a luz, por lo que Manolo y Benito intentan ayudarla. Benito será, finalmente, el encargado de ayudar al bebé a nacer. Además, los dos albañiles son víctimas de un atraco en su propio taller.

Manolo y Benito sospechan que el dueño de la casa en la que están construyendo una despensa ha sido asesinado por su esposa. Por otra parte, Tony quiere hablar con Paulino, el padre de Noelia, para decirle que está dispuesto a desaparecer de la vida de su hija a cambio de una buena cantidad de dinero.

Manolo y Benito reciben el encargo, a través de Tino, de levantar una cerca de piedra rústica para un decorado en los estudios cinematográficos Star, oferta que aceptan de inmediato. La cerca en cuestión será utilizada para rodar un anuncio de leche en el que interviene una vaca y dos actores profesionales. Los dos chapuzas llegan a los estudios dispuestos a hacer su trabajo, pero terminarán siendo ellos los protagonistas del spot publicitario, pues los clientes que pagan el anuncio no están de acuerdo con los modelos elegidos por el director. Por su parte, Noelia descubre que Tony está dispuesto a desaparecer de su vida a cambio de una cantidad de dinero.

Manolo quiere presentarse a un concurso para profesionales del yeso. Tras haber pasado en la edición anterior una mala experiencia –Benito le rompió una escultura de la Cibeles–, este año pretende hacer su obra a escondidas. Sin embargo, su compañero se entera y decide bajar por la noche al taller a aportar su granito de arena a la escultura de la Puerta de Alcalá que está elaborando Manolo. Benito acaba destrozando de nuevo la obra del concurso.

Manolo y Benito aceptan colocar un tendedero. Todo parece ir bien hasta que la señora de la casa tiene que salir, ya que la grúa se ha llevado su coche. Al momento aparece Carlos, un niño de cuatro años que exige a Benito que le prepare el desayuno. Más tarde, los albañiles descubren a Ataúlfo, un bebé que no para de llorar porque tiene hambre. Cuando por fin consiguen tranquilizar al pequeño, llama la madre de los niños muy apurada porque no ha podido preparar la comida de su marido, momento en que Benito se ofrece a cocinar «conejo a la jardinera».

Benito se encuentra a Noelia, que sigue bastante triste por la muerte de su padre, y además está muy atareada al hacerse cargo de la casa, del gimnasio y del pequeño Nico. Benito se ofrece entonces a hacerle salpicón de pollo para la cena. Por otra parte, Manolo y Benito deben pintar una pared en la que hay una mancha de colores en relieve. Se ponen a picar y quitarla les lleva horas. Todo se complica cuando Tino les dice que se trataba de una obra de arte.

Manolo y Benito han de hacer un trabajo que les encarga Tino en casa de Nadine, una corista de más de 100 kilos de peso que fue compañera de Manolo en el colegio. La mujer está tan emocionada con el reencuentro que intenta ligarse a Manolo. Más tarde aparece Gracia, la hermana de Nadine, también metida en carnes y decidida firmemente a conquistar a Benito. Por otra parte, Adela tiene un pensamiento y cree saber la combinación de la Lotería Primitiva. Mientras rellena el boleto, Benito ve los números y va corriendo a sellar otro igual.

Adela encarga a Tato que vigile a su tío Manolo, ya que detecta un olor nuevo en sus camisas y desconfía de él. Tato empieza entonces a anotar en su libreta cada movimiento de Manolo y Benito. Por otra parte, Tony y Noelia deciden transformar el gimnasio en un bar de copas y encargan la reforma a Manolo y Benito, pero éstos ya tienen otro encargo pendiente. Manolo convence a Benito para llevarla a cabo, pero él no lo tiene muy claro. Después de rechazar el trabajo que tenían entre manos y decidirse a acometer la reforma del gimnasio, los dos albañiles ven en el patio una furgoneta de la competencia.

Manolo y Benito deben realizar una reforma en casa de una joven adinerada, consistente en derribar una viga en un céntrico ático cercano a la Puerta de Alcalá. Por otro lado, las reformas del bar de Noelia se inician, pese a las reticencias de Benito y su enemistad con Tony, habiendo problemas con el dinero que éste debe fiar a Manolo y Compañía. Benito, haciendo gala de su incompetencia, derriba todas las vigas del ático salvo la que efectivamente debía derribar, provocando el derrumbe completo del techado y dejando con ello atrapado bajo los escombros a su socio, completamente inmóvil. Benito deberá demostrar la amistad que le tiene a Manolo y sacarle de esa complicada situación.

Manolo y Adela entienden de manera distinta la celebración del aniversario de su boda. Él está pensando en algo rápido cuando llega don Moisés, el cura, diciendo que se ha desplomado el púlpito de la iglesia y hay que arreglarlo. Cuando consigue escabullirse, Manolo vuelve a casa, donde encuentra a Adela probándose un regalo que le ha hecho Tino.

Benito descubre que le falta estilo y distinción para relacionarse con sus clientes y decide poner fin a la situación de inmediato. Para ello, el chapuzas se dirige a su amigo Tino, que lo único que le ofrece es un trabajo consistente en instalar un par de puertas en la casa de una señora de lo más fino y elegante. Una vez allí, la señora, cuyo aspecto sorprende a Benito por la cantidad de oro que lleva encima, casi tanto como el que reluce por toda la casa, deja al chapuzas con la asistenta, que es extranjera y no entiende nada. Por su parte, Roco, el marido de la millonaria, les dice a los albañiles que cuando acaben la obra en la casa vayan a una dirección para arreglar una cisterna. El lugar indicado resulta ser una sala de juegos, dirigida por una exuberante señorita que no es otra que la amante de Roco.

Tania tiene problemas con la gente que la trajo a España porque les debe tres millones de pesetas. Si no los devuelve, puede acabar en un bar de carretera. Manolo y Benito deciden casarla con Tato para que así consiga la nacionalidad española, pero éste, aprovechando que Manolo y Benito están haciendo una obra en casa de un comisario de policía, tiene un plan. Cuando llegan los individuos al día siguiente, Tato se esconde y graba la conversación con el fin de entregársela a la policía y organizar una detención propia de una película.

Tino debe decorar el restaurante de Saito Kyoto, el dueño de la mayor cadena de restaurantes japoneses del mundo. Su hija se casa esa tarde y, cuando la boda comienza, aparecen unos terroristas que quieren robar las joyas de los invitados. Benito deja fuera de juego a los ladrones con un laxante y Saito les da una buena recompensa. Con el dinero todos se van a Francia para animar a la selección española en el Mundial 98.