

Isabel I de Castilla (Ávila, 1451-Medina del Campo, 1504), reina de Castilla desde 1474 hasta 1504, fue una mujer que cambió el destino de España. La reina tomó las riendas de un país al que dio estabilidad económica al tiempo que se hizo respetar como reina y como mujer.
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El final de Isabel se aproxima,consume sus últimas fuerzas intentando dejar arreglados los asuntos: la sucesión. Felipe somete a su esposa, para justificarse cuenta los desvaríos de Juana. En su lecho de muerte, Isabel dicta sus últimas disposiciones y evitar que Juana y Felipe accedan al poder.

Isabel y su hermano Alfonso viven felices en Arévalo con su madre Isabel de Portugal, viuda del rey Juan II de Castilla, junto a su tutor Juan Chacón y su mujer, Beatriz de Bobadilla. El rey Enrique IV, Isabel y Alfonso quedan bajo el cuidado de la reina.

Burgos, septiembre de 1464. La conspiración dirigida por Pacheco y Carrillo alcanza su plenitud con la Rebelión de los Nobles, donde se acusa al rey Enrique de secuestrar a Isabel y Alfonso, de dejar el poder en manos de Beltrán de la Cueva y de no poner coto a moros y judíos.

La guerra civil provoca el caos. Isabel sufre por su hermano Alfonso y por sus deseos de convertirse en soldado. Enrique IV, poco amigo de las guerras, intenta pactar para evitar más sangre: ofrece a Pacheco casar a Isabel con Pedro Girón, esta sale huyendo.

Tras la muerte de su hermano Girón, Pacheco abandona el bando enriqueño y vuelve con la Liga nobiliaria atraído por Carrillo, que no duda en ofrecerle una de sus principales ambiciones: la Orden de Santiago. La guerra se recrudece y los dos ejércitos rivales se citan en una batalla crucial.

Tras la muerte de su hermano Alfonso, Isabel está profundamente apenada y hundida moralmente. Su vida se ha convertido en una sucesión de pérdidas. En su entorno, Carrillo tiene claro que la guerra ha de continuar y que Isabel ha de suceder como reina en el bando antes encabezado por Alfonso.

Las negociaciones en Guisando no llegan a buen puerto. Como temían Chacón y Cárdenas, las buenas palabras de Enrique no se transforman en hechos. Contrarios a negociar con Isabel y hartos de los vaivenes del rey, amenazan con denunciar sus manejos a Roma.

Isabel, atemorizada y hundida por las amenazas recibidas, no sabe con quién casarse: el Duque de Guyena o Fernando de Aragón. Los dos son de la misma edad. El francés le garantiza evitar más tensiones con su hermano el rey, que la responsabilizaría, en caso de negarse, de una nueva guerra.

Isabel espera en Valladolid a Fernando. El problema ahora es cómo va a llegar Fernando allí. Cárdenas acude a Aragón para informarle de todo y Fernando asume que tiene que arriesgarse y viajar a Castilla. Sabedores de que Pacheco tiene espías en Aragón, Fernando organiza una estratagema.

Isabel está conmocionada. El hecho de conocer a Fernando ha aumentado más el nerviosismo. No puede definir sus emociones. Pero es evidente que se siente atraída por él. Fernando se da cuenta de su nerviosismo e intenta ganársela hablando.

La boda de Isabel y Fernando ha sido un éxito: muchos nobles les apoyan, el pueblo les aclama y ve en ellos el nacimiento de una nueva Castilla, pero aún quedan muchos escollos. Y el tiempo va en su contra, porque no tienen bula y eso les hará impopulares.

Tras huir de Valladolid, Isabel y Fernando se refugian en Medina de Rioseco. La humildad de sus aposentos revela que lo que un día fueron sueños están a punto de convertirse en pesadillas. Pacheco, apoyado por Enrique, decide dar el golpe final atacando a las ciudades afines a Isabel.

Muere el papa Paulo II en Roma y es elegido Sixto IV. Es el momento de desbloquear la situación de la bula de Isabel y Fernando. Sixto pide consejo al cardenal Rodrigo de Borja, que viaja a Castilla y Aragón para conocer los problemas.

Cabrera consigue convencer al Rey de la necesidad de un encuentro con Isabel por el bien de Castilla. Los manejos de Pacheco han llevado al reino a una situación ingobernable en muchas ciudades, avasalladas por el poder de hombres elegidos por Pacheco.




